24
de octubre de 1844, Inglaterra.
Un
grupo de 28 trabajadores, 27 hombres y 1 mujer, de la industria
textil de la ciudad de
Rochdale
que se habían quedado sin empleo tras una huelga constituyeron una
empresa a la que llamaron
Sociedad
Equitativa de los Pioneros de Rochdale y a la cual aportaron cada
uno la cantidad de 28 peniques.
Así
surgiría lo que hoy en día conocemos como empresa
cooperativa. Son
empresas que, como el resto de los tipos de empresa tradicionales,
están sujetas a factores de competencia, gestión y rentabilidad,
pero que a diferencia de éstas, donde el capitalista, dueño de la
empresa, aporta los factores productivos y el asalariado aporta su
trabajo, en las cooperativas los trabajadores son socios mayoritarios
de la empresa (más del 50%).
De
esta forma, su
objetivo
final
no es la de obtener el
máximo
beneficio,
sino la defensa
de
los intereses de sus miembros. Así mismo este modelo de empresa va
asociado a unos valores éticos como son la equidad y la solidaridad
entre trabajadores o la responsabilidad y el esfuerzo propio.
Karl
Marx decía que, con su trabajo, los obreros creaban un valor sobre
los factores de producción del burgués, pero éste no pagaba todo
el valor que se había creado y se quedaba una parte de el
gratuitamente. A esta cantidad la llamaría plusvalía. Lo que en
gran medida ocurre con las empresas cooperativas es que esta
plusvalía desaparece y el trabajador se apropia de todo el valor que
ha creado con su trabajo.
Mondragón
La
corporación Mondragón es el mayor grupo cooperativo del mundo, y
pese a que tiene su origen en Euskal Herria, actualmente está
extendida por el resto de
España
y
por los cinco continentes.
Es
innegable, pero, que en el camino recorrido hasta el la situación
actual se han perdido muchos de los valores del cooperativismo. Se
han perdido valores en gran parte debido a la magnitud de la
corporación dentro de un mercado capitalista, magnitud que ha traído
un modelo de poder y de toma de decisiones en el que los socios
tienen ya poco que decidir. Sin
duda esto implica una pérdida de alicientes personales hacia la
empresa y por lo tanto hacia la mentalidad de “haga lo que haga voy
a ganar lo mismo”.
La
apertura a nuevos mercados, la entrada de profesionales de otras
empresas, la creación de cooperativas de segundo grado de las cuales
ejerce de propietario, entre otras, son algunas de las medidas que la
cooperativa ha ido tomando. Por poner un ejemplo, Eroski (Mondragón)
compró en el verano de 2007 la cadena catalana de supermercados
Caprabo
por
la digna cantidad de 975 millones de euros. Al final resulta que la
empresa Caprabo, que en el momento de la compra no estaba muy fina,
solo iría de mal en peor.
Fagor
Fagor,
fabricante de electrodomésticos de línea blanca (frigoríficos,
lavadoras, lavavajillas, hornos...) y que es miembro de la
corporación Mondragón está actualmente en una situación
alarmante. Ha instado preconcurso de acreedores. Dicha figura es la
antesala de la suspensión de pagos. Entre los damnificados están
10.000 pequeños ahorradores vascos que invirtieron 185 millones de
euros en participaciones preferentes, que por lo que parece serán
los útlimos en cuanto a la preferencia a cobrar ¡Qué irónico!
El
origen del derrumbe de Fagor radica en que sus ventas están muy
ligadas a la construcción, que como sabéis está de capa caída, y
a la irrupción de empresas asiáticas a precios muy bajos. Es
necesario entender que aunque sea una empresa cooperativa, está
participando en un mercado capitalista y que por lo tanto es
vulnerable a sus fluctuaciones como cualquier otra empresa
tradicional.
¿Y
ahora que?
Sean
las que sean las causas del desplome de Fagor, lo que está claro es
que los 1800 trabajadores de Fagor se encuentran ante una
incertidumbre alarmante sobre su futuro. Además, teniendo en cuenta
que la cooperativa se ha configurado social y económicamente en
Mondragón, donde se han desarrollado sólidos mecanismos de
funcionamiento interno, la caída de Fagor podría traer un efecto
domino sobre los demás miembros.
Actualmente
Fagor está creando planes de viabilidad para el futuro, intentando
buscar una solución interna al problema. Se encuentran en un proceso
de negociación con la corporación para decidir como afrontar este
derrumbe de forma conjunta. Está por verse como acabará esto, cual
de las diferentes aplicaciones del principio de solidaridad de la
cooperativa se dará. Lo que sí parece claro es que al ser los
trabajadores, de una forma u otra, los que deciden la gestión de la
empresa, la soluciones que se den serán mejores para los
trabajadores afectados en comparación con los casos de las grandes
empresas capitalistas que recientemente han echado el cierre.
Además
de las soluciones internas, como puede ser la reubicación de los
empleados de Fagor en otras empresas de la corporativa Mondragón, la
participación de las instituciones públicas en este problema parece
necesaria. Sin duda las instituciones vascas deberían involucrarse
en su lucha contra el desempleo, pero vista la pasividad que
arrastran los últimos años... Parece que las únicas ayudas
públicas están destinadas a nuestra gran amiga la banca.
Una
cosa tengo clara, al contrario de muchas opiniones oportunistas que
últimamente están saliendo, lo sucedido con Fagor no es síntoma de
la falta de eficiencia del cooperativismo, pero si participamos con
las normas del juego del capitalismo, ésto es algo que puede pasar.
Estamos
ante una situación en la que el sistema no nos da alternativas,
situación que se acentúa si hablamos de los jóvenes. No solo es
una pequeña parte de la juventud la que no tiene opciones de
encontrar un trabajo, si no que el que lo tienen sienten que se tiene
que dar con un canto en los dientes por estar explotas, con unas
condiciones laborales pésimas. Es hora de crear nuestras propias
alternativas, juntarnos, organizarnos y salir adelante. Para ello
crear cooperativas es una magnifica opción.
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