El
pasado domingo, el programa “Salvados” de La Sexta hizo una
especie de investigación en torno a los paraísos fiscales. Mediante
entrevistas a agentes que están o han estado relacionados con el
mundo de los paraísos fiscales, el colega Jordi Évole analizó
el problema. Entre los protagonistas estaban, entre otros, un
inspector de hacienda y un ex banquero que publicó una lista de
titulares de cuentas en Suiza.
Respecto
a Évole, creo firmemente que es muy bueno en lo que hace, en cada
entrevista consigue llevar la conversación a su terreno, sacando las
conclusiones que ya llevaba pensadas a éstas (además siempre tiene
la opción de suprimir las partes que no le interesen).
El
programa que comento del domingo pasado es un claro ejemplo de ello.
Évole consiguió hacer un programa de casi una hora de duración en
torno a los paraísos fiscales sin nombrar ni una sola vez la palabra
capitalismo. Sin duda muy meritorio. El presentador logró dar así
su propio enfoque del asunto. Por lo que yo le entendí , la raíz
del problema son algunos entes con un poder económico muy elevado
que le han echado cara para aumentar (o mantener) su riqueza.
Demagogia barata.
Los
paraísos fiscales son países que tienen políticas tributarias
favorables para los capitales provenientes del extranjero. Son países
que permiten abrir cuentas bancarias o sociedades a inversores
extranjeros, lo que permite bien ocultar ingresos procedentes de
actividades ilegales o bien ocultar ingresos que, siendo legales,
deberían haber sido declarados ante el estado de origen. No tienen,
por tanto, ninguna actividad productiva como objetivo. Por su parte
los residentes del país están obligados al pago de sus
impuestos como en cualquier otro el país del mundo, solo los
extranjeros gozan de la exención. Además de esta principal
característica, estos países se apoyan en una serie de condiciones
que hacen posible y refuerzan estas políticas que tienen como
objetivo atraer capitales extranjeros.
Para
empezar en los paraísos fiscales existe el secreto
bancario,
se
trata de una norma que prohíbe al banco o a la institución
financiera suministrar información de sus clientes a terceros,
incluso aunque estos sean administraciones públicas o tributarias.
El secreto bancario se refiere a todo tipo de datos personales y
económicos, incluyendo depósitos, número de cuentas o
transacciones. De esta forma se facilita mucho la labor de quien
blanquea dinero o de quien evade impuestos.
Además
del secreto bancario los países en cuestión constan de otro tipo de
facilidades para sus clientes. Los trámites para abrir una cuenta,
por ejemplo, son muchos más rápidos y fáciles que en el resto de
los países. También suelen contar con un amplio servicio de
asesoramiento legal, fiscal y de contabilidad. Por otra parte también
suelen ir acompañados de una amplia oferta turística, suelen ser
lugares bien conectados y con actividades ociosas para el inversor.
También se fomenta la estabilidad política y monetaria, nadie
invertiría en un país con inflación o golpes de estado.
En
definitiva son todo facilidades para quien tiene dinero (y quiere
más).
Y
os preguntareis ¿pero esto para qué lo hacen? Habitualmente son
países de pequeña dimensión, con pocos recursos naturales y
con una industria débil. Así pues se aferran a estas políticas
para atraer divisas extranjeras, la industria financiera es quien les
saca a flote.
En
el otro lado de la moneda están los países de los que proceden los
capitales que van a parar a estos oasis fiscales. Para ellos es un
problema, una fuga de capitales y una disminución de recaudación
para las instituciones publicas. Según Tax
Justice Network,
el
dinero de los impuestos evadidos a través de paraísos fiscales
supera los 255.000 millones de dólares anuales. Por lo tanto en el
panorama internacional se mira a los paraísos fiscales como a ese
compañero de clase que siempre se pasa de listo. Esta situación se
agrava en esta época de crisis como luego veremos.
La
etiqueta de paraíso fiscal es una fama no deseada por los países,
etiqueta de la que intentan librarse, y muchas veces lo consiguen. Y
lo consiguen porqué es la OCDE (Organización para la Cooperación y
Desarrollo Económicos) quien diseña estas listas oficiales de los
paraísos fiscales, y en muchos casos son decisiones que responden a
intereses políticos de la propia organización. Pero son muchas las
listas creadas por diferentes organizaciones de diferentes paises.
Este
sería un mapa orientativo:
¿Cuál
es la solución?
No
le voy a quitar su parte de razón a Jordi Évole. Si todos
tuviéramos unos valores éticos y no existieran esos agentes que él
señala como culpables nadie blanquearía dinero. Pero creo que el
problema va mucho más a fondo.
Actualmente
las principales acciones están yendo dirigidas a ejercer presión
sobre los gobiernos de los paraísos fiscales, para tratar de
conseguir que recorten sus leyes. Pero a la vista está que no son
medidas eficientes, que cada día es mayor la cantidad de dinero que
se fuga por estas vías. No son medidas que realmente busquen
erradicar el problema.
Los
paraísos fiscales son una consecuencia del sistema económico
capitalista, una consecuencia de la desregularicación económica. La
globalización y liberalización de los mercados internacionales
acompañada de la falta de una institución reguladora de la economía
fiscal es lo que realmente hace posible que los paraísos fiscales
sigan funcionando.

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