Seguro
que todos recordáis ese capítulo de Los Simpsons
en el que muestran un billete de un trillón de dólares. Nunca
pensaríais que pudiese existir de verdad. Pues bien, efectivamente,
os equivocáis. A veces, la realidad puede superar a la ficción. En
ocasiones, puede darse la situación de que un Banco Central se vea
en la obligación de tener que imprimir semejantes billetes. ¿No os
lo creéis? Mirad las siguientes fotos.
Pero, ¿cómo es posible? Sencillo, el
país en cuestión tiene una hiperinflación del copón. Espera,
espera, ¿hiperinflación? ¿Qué demonios significa eso? Os lo
podéis imaginar. Si nos referimos a la inflación como el aumento de
los precios, una hiperiflación podría ser algo así como un...
“hiperincremento” de precios. Vale, me he inventado la palabra
“hiperincremento”, pero lo vais pillando, ¿verdad?
La
magnitud de dicho incremento no es algo fijo por definición, pero
para que os hagáis una idea, podemos estar hablando de doblar los
precios cada pocos días,
o incluso cada unas cuantas horas.
Por la mañana vas a la panadería y una barra de pan te cuesta 1€,
vas por la tarde y te cuesta dos. Pero es que por la mañana del día
siguiente, ya vale 4, y esa misma tarde, tendrás que pagar 8 por
ella. Asombroso, ¿eh? Éste es un ejemplo un tanto exagerado (se
tendría que dar una inflación del 100% cada 12 horas) pero como
veréis más tarde, no lo es tanto como podríais pensar.
Vamos
a hacer un repaso de algunas de las hiperinflaciones más bestias de
la historia.
Alemania,
año 1923. Éste es seguramente el proceso de hiperinflación más
conocido de todos. La inflación llegó a ser de un 29.500% durante
el mes de octubre, siendo de un 21% más o menos la diaria (para que
os hagáis una idea, la inflación normal de un país suele estar
entre el 2 y 5% anual).
Los precios se doblaban cada 3,7 días.
Os preguntaréis como pudo llegar
Alemania a esta situación. Veamos un poquito de historia. Corría el
año 1918 cuando se producía el fin de la I Guerra Mundial. Ésta,
terminaba con la derrota de las Potencias Centrales, entre las que se
encontraba el Imperio Alemán. Veis hacia dónde van los tiros,
¿verdad?
Tras la guerra, se firmaron varios
tratados de paz que afectaban a los diferentes participantes, siendo
el de Versalles el que afectaba directamente a Alemania. Este Tratado
estaba compuesto por muchísimas cláusulas (territoriales,
militares, políticas, económicas...), pero era especialmente duro y
abusivo en el tema de las indemnizaciones y reparaciones que tendría
que pagar Alemania a los aliados por el hecho de pertenecer al bando
de los “únicos y exclusivos culpables de la guerra” como se
proponía en el Tratado. Fue Francia la que hizo presión para que se
impusieran estas cláusulas tan abusivas, y es que no se olvidaban de
que el Imperio Alemán les hizo lo mismo a ellos unos años antes, en
1871, al final de la Guerra Franco- prusiana. El mismo Keynes se
opuso firmemente a estas cláusulas (formaba parte de la comisión)
ya que consideraba que conllevarían a unas consecuencias nada
deseadas. No se equivocaba.
Por esta razón, Alemania se vio
hundida en unas deudas que difícilmente podía pagar. Su moneda,
cada vez estaba menos respaldada por el oro que les quedaba en las
reservas, y el gobierno imprimía billetes y más billetes para
cubrir sus necesidades internas. Al aumentar de una forma
desproporcionada el flujo de dinero, éste empezó inevitablemente a
devaluarse sin ningún control.
A partir de aquí podríamos hacer un
análisis más profundo de como se produjeron todas las fases de esta
hiperinflación, pero tampoco os quiero aburrir demasiado. Si
queréis, podéis leer más del tema aquí.
Esta situación, como os podéis
imaginar, dio lugar a escenas de lo más esperpénticas. Desde niños
jugando en la calle a hacer castillos de fajos de billetes, hasta
barrenderos barriendo dinero como si fueran hojas de los árboles.
Contaba mi profesor de Historia Económica Contemporánea que un día
se dio el caso de que a una mujer que había salido a comprar algo de
comida, la atracaron. Diréis, qué tiene eso de especial,
seguramente se produzca cada día, y muchas veces. Pero este atraco
fue un tanto peculiar. Claro, la mujer necesitaba un cesto lleno
hasta arriba de billetes para comprar una simple barra de pan. ¿Se
llevaron el dinero? No. El dinero no. Sólo el cesto. Seguramente se
inventara esta historia, era muy dado a hacer show, el tipo,
aunque un gran profesor, sin duda.
Me he entretenido un poco con el
primer caso, pero éste no es el más exagerado de la historia ni
mucho menos.
Hungría, año 1946. La inflación más
alta que se dio fue del, a ver si no me dejo ningún cero,
13.600.000.000.000.000% mensual.
El precio se duplicó cada 15,6 horas.
Se llegaron a imprimir billetes de 1000 trillones de la moneda del
país, el pengo, aunque éstos no fueron emitidos. El billete más
alto en uso fue el de 100 trillones de pengos. Ésta sí ha sido la
más grande de la historia.
Podemos
encontrar, sin embargo, otras hiperinflaciones más recientes.
Zimbabwe,
año 2008. La inflación más alta fue de 79.600.000.000% mensual. El
precio se duplicó cada 24 horas, es decir, cada
día las cosas valían el doble que el día anterior. Cuando
fue introducido el billete de 100 millones de ZWD (dólares de
Zimbabwe), el precio del pan aumentó de 2 millones de ZWD a 35
millones de ZWD de la noche a la mañana.
Ha
habido otras muchas hiperinflaciones a lo largo de la historia, os
invito a que busquéis sobre ello, así como sus principales causas,
es un tema bastante interesante, además que podemos aprender lo que
puede llegar a significar para un país que se le exijan préstamos
impagables en muy corto plazo, como desgraciadamente ocurre a menudo
en estos tiempos.
Para
acabar, como habéis visto, esto de la hiperinflación es una
situación un tanto curiosa, pero no deja de significar que el país
está, hablando claro, hecho una grandísima mierda, así que mejor
que no tengamos que vivir una situación así jamás. Lo sé, a mi
también me gustaría llevar billetes de 100 trillones de euros en la
cartera, pero creedme, no es buena idea.





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